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salv25 La Agonía de Cristo

En este folleto examinamos la agonía de Jesucristo en la cruz y antes.

La Agonía de Cristo
Por David Cox
[salv25] v1 ©2012 www.folletosytratados.com
Se puede fotocopiar e imprimir libremente este folleto
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Luc 22:44 Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

¿Por qué Cristo tuvo que morir en la cruz? Unos que no entienden como Dios es y como funcionan las cosas pueden decir, “Si realmente Dios el Padre amaba a Cristo, no hubiera mandado a Cristo de morir en la cruz”. Pero así no es. Dios tiene otras preocupaciones que nosotros, y a la verdad, somos muy propensos a hacer grande cualquier incomodidad, y un poco de dolor es insufrible para nosotros. Hay una fobia general en nuestro mundo al dolor, a lo que cuesta personalmente, y a lo que es difícil. Los ricos son típicos de la humanidad, en que ellos quieren que sus trabajadores suden y trabajan sacrificándose para que ellos vivan en lujos, disfrutando todo placer. Es casi imposible de ver un rico brotar un callo por trabajar duro. Dios mismo tuvo que venir a salvarnos.



El Plan de Dios

Jn 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Rom 5:10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Imaginase por un momento que la salvación sea como un niño que viene a un vendedor de dulces. Él compra los dulces en un centavo, y los vende en 300 centavos, gana muy bien, y ni preocupa si se cae unos, o si se echan a perder. Su valor es poco para él. Viene un niño pobre y le pide por un dulce. Se lo regala. Si fuera así la salvación, nosotros mismos no valdríamos la salvación mucha. Pero esta salvación costó a Dios la vida de Jesucristo, una separación entre la Trinidad en que el Hijo fue convertido a pecado, y el Padre no pudo verle más. Comunicación entre la Trinidad fue cortada por un tiempo. Su precio es tan alto que no podemos entender lo que le costó a Dios.

El plan de Dios es que Su unigénito Hijo Jesucristo tuvo que morir por nosotros. Jesús fue hecho nuestro pecado, y sufrió el castigo en la cruz. Luego Jesús se venció la muerte y se resucitó. Por medio de esto, si creemos en Jesús y en su obra por nosotros en la cruz, somos reconciliados con Dios. Nadie impuso este plan sobre Dios, sino Dios mismo vio este plan como lo mejor, lo más prudente, lo que Él quiso.



La Malignidad del Pecado

Rom 6:23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Pecado causa toda maldad en nuestras vidas, y es terrible. Al final, nos causa la segunda muerte, el castigo eterno en el lago de fuego. Dios hizo la salvación en una forma muy violenta, muy extremo, porque quiso comunicarnos el enojado le hace el pecado a Él. Por la extremidad de la muerte de su unigénito hijo, nos enseña que tanto debemos aborrecer el pecado, y alejarnos de ello. John Bunyan dijo, “Pecado es de atrever la justicia de Dios, de violar su misericordia, de burlarse de su paciencia, de despreciar su poder, y de odiar su amor.”



La Propiciación

1Jn 4:10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

La idea es que el pecado es muy horrible, y esto causa a Dios de enojarse en extremo con los pecadores. La justicia de Dios es la voluntad, querer, y los deseos de Dios. El pecado es el opuesto. Es de enfrentar a Dios en su capacidad de ser sabio supervisor, escogiendo otra cosa. Por esto Dios “se explota” con ira y enojo en contra del pecado, y claro, en contra del pecador. De morir con la ira de Dios vigente en contra de uno es de experimentar toda la ira y enojo de Dios en el infierno.

La única forma de escapar esta ira y enojo es de buscar algo que se aplaca esta ira y enojo divino. Nada que podemos nosotros hacer puede aplacarla. Pero Dios mismo ha hecho un plan, una obra maestra en la muerte de Jesucristo en la cruz. Él ya ha hecho todo, pero falta nada más que nosotros enfocamos nuestras vidas en esta obra magnifica. Se llama “tener fe en Jesús el Salvador” para aplacar esta ira. Claro tenemos que arrepentirnos de nuestras rebeliones y nuestro ignorar a Dios, y poner Dios, Jesús, la salvación en Calvario como en el centro de nuestra vida. Haciendo esto, que no es una obra de nosotros, sino es de enfocar nuestras vidas en la obra de Jesús en la cruz, somos salvos, y la ira y enojo de Dios se aplaca.



La Agonía de Cristo

Luc 22:44 Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

Los sufrimientos de Cristo empezaron en el huerto de Getsemaní. Lucas, el médico, nos informa de que Jesús oraba tan fuertemente, en agonía, que sudó sangre. Los médicos anotan en la literatura médica este fenómeno, hematidrosis, ocurriendo cuando una persona está bajo extremo estrés emocional, cuando los vasos sanguíneos en las glándulas de sudor se rompen, mezclan sangre en el sudor.

Los azotes no fueron parte normal de una crucifixión, entonces probablemente Pilato mandó los azotes como su castigo total, pero cuando esto no hizo satisfecho el motín, tuvo que añadir la crucifixión. Pero aparato del azote fue hecho de pedazos largos de piel, con piedras, vidrio, o hueso en sus finales para romper huesos y cortar carne. Muchos murieron en una sesión de azotes. Con golpe tras golpe, los moratones del principio llegan a romperse en carne viva, que en turno causa la piel y carne de desprenderse, hasta fracturar los huesos a veces. La corona de espinos es pegado en la cabeza, que luego sangra abundantemente estas heridas.



El Dolor de la Crucifixión

La práctica de crucificar empezó con los Persos y Alejandro Magno. Aunque hay imágenes de una crucifixión, muchos tienen equivocaciones. Probablemente Jesús llevó solamente la traba, no toda la cruz. Pusieron los clavos por la muñeca, no las manos (donde se puede romper y el preso sacarse de la cruz). El poste principal fue permanente puesto en la tierra, y solamente la traba fue llevada del juicio a la crucifixión por el prisionero. Fue clavado a la traba al pie de la cruz, y el preso y la traba fueron subidos a su lugar en la cruz. Luego clavaron los pies en el poste.

A la verdad, clavando clavos en las manos y pies no causa la muerte. Pero esta situación es por diseño. La cruz es una tortura que muchas veces dura por días. Unos soldados son asignados a quedarse vigilando hasta que el preso muere. El clavo que traspasa los dos pies es puesto para pasar sobre un nervio, y cuando el preso empuja para abajo, el dolor de su peso sobre este nervio presionando el clavo es extremadamente fuerte, hasta causar el preso de privarse de la consciencia. Cuando no aguanta más, descansa por colgarse por los brazos, también clavos. El problema con todo esto no es el dolor, sino la restricción de respirar que se impone sobre uno en esta posición. Simplemente el preso empieza a asfixiarse por falta de respirar. Entonces tiene que empujarse sobre sus piernas. En un punto dado (a veces unas semanas después), no aguanta ni uno ni el otro, y se colapsa, y se ahoga finalmente. A veces hubo un estilo de asiento puesto en la cruz para que el preso descanse, y dure más su tortura. Cuando los judíos piden que se quiten estos de sus cruces, simplemente se rompen las piernas, y no se pueden empujarse para arriba, y en unos minutos mueren asfixiados. En el caso de Jesús, carne y piel fueron quitar de sus hombros por los azotes, y el levantarse y bajarse era sobre lo que quedó de su espalda, ampliando aun más su sufrimiento.

Sal 22:14 He sido derramado como aguas, Y todos mis huesos se descoyuntaron; Mi corazón fue como cera, Derritiéndose en medio de mis entrañas. 15 Como un tiesto se secó mi vigor, Y mi lengua se pegó a mi paladar, Y me has puesto en el polvo de la muerte.
Jn 19:34 Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.

Cuando el soldado no pudo creer que Jesús había muerto tan rápido, puso su lance en su costado, penetrado el corazón. Salió agua y sangre. Esta condición era de un corazón hinchado (entre el corazón y el saco en que se queda el corazón, hay poquito líquido, y en la experiencia de Jesús, se hinchó este saco con líquido, y literalmente, Jesús murió de un corazón quebrantado).



La Pena de Ser Hecho Pecado

2Co 5:21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Aunque el dolor y sufrimiento físico era demasiado, olvidamos que Dios es un ser espiritual, y siendo espiritual más que físico, su dolor espiritual es más agudo. Jesús “tomó nuestros pecados sobre él mismo.”

1Pe 2:22 el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; 23 quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; 24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.

Jesús era el sacrificio perfecto, en que Él, en sí mismo, no tuvo ningún pecado. Entonces este perfecto hombre, se hizo pecado, llevando nuestros pecados (y su castigo) sobre Él en el madero de la cruz. El Santísimo fue violado por el pecado de toda la humanidad, para efectuar nuestra salvación. El propósito de Dios en esto es de hacernos a nosotros santos, no más pecadores, y para que lleguemos a vivir la justicia. Por el daño que hicieron a Jesús, somos “sanados” espiritualmente de nuestros pecados.



Nuestra Respuesta Espiritual

2Co 5:19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

Si toda nuestra vida se enfoca en la salvación por Jesucristo en la cruz, en su dolor, en su negarse, en su obediencia a la voluntad de Dios, entonces nosotros llegaremos a ser voceros de Dios, anunciando la reconciliación a todos.



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