pent06 ¿Quien soy yo para mandar a Dios?

pent06 ¿Quien soy yo para mandar a Dios?

En este folleto exploramos nuestra relación y posición con Dios. Siendo criaturas en rebelión en contra de Dios, no tenemos derecho ni autoridad de mandar a Dios como mandamos a nuestros niños. Este folleto explica el “porque” de esto, y porque debemos tener respeto y reverencia en nuestros tratos con Dios.

¿Quién soy yo para mandar a Dios? 
Nuestra relación con Dios en la oración
Por David Cox
[pent06] v1r ©2006 www.folletosytratados.com
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Así dice Jehová, el Santo de Israel, y su Formador: Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos. Isa. 45:11

Hay una enseñanza y creencia que nosotros, los humanos somos quienes que mandamos a Dios. La enseñanza se basa sobre pasajes como Isa. 45:11, que interpretan que tenemos permiso y poder sobre Dios para mandar lo que queremos,. Esto no es la verdad de la Biblia.




Isaías 45:11 ¿Pregunta o declaración?

El problema con este pasaje es que la puntuación en hebreo no existe tal como en otros idiomas. El traductor tiene que ponerla según el contexto. Entonces, ¿es Isaías 45:11 una pregunta o una declaración? Por el contexto, este pasaje debe ser presentado como una pregunta.

Isaías 45:11 Así dice Jehová, el Santo de Israel, y su Formador: ¿Me preguntas de las cosas por venir? ¿Me mandarán acerca de mis hijos y acerca de la obra de mis manos?

Versículo 12 afirma que Dios es Creador de todo incluyendo al hombre. Esto es de conectarlo con los versículos antes del 11.

Isaías 45:5-10 Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, 6 para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, 7 que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto. 8…Yo Jehová lo he creado. 9 ¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces?; o tu obra: No tiene manos? 10 ¡Ay del que dice al padre: ¿Por qué engendraste? y a la mujer: ¿Por qué diste a luz?!




Somos Criaturas

Somos criaturas de Dios nuestro Creador, nuestro Formador, y nuestro Hacedor. Es lo contrario de mandar a Dios, debemos adorarle (Salmo 95:6). En Jeremías 18:1-10 Dios propuso a Jeremías que es El quien decide lo que va a ser o va a pasar con las personas. Para los que se hacen tercos y difíciles en Sus manos, Dios les cambia lo bueno que tuvo pensado para ellos para hacerles otra cosa diferente.




El que hace la voluntad de Dios

Todo el asunto de la salvación es que uno se sujeta a la voluntad de Dios. En 1 Juan 2:17 habla del estado transitorio de las cosas de este mundo y que “el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. O sea, Dios concede vida eterna (la salvación) a las personas que rechazan el valor de las cosas de este mundo y se sujetan bajo la autoridad de Dios.

En Mateo 7:21-24, Jesús enseñó que no todos los que se proponen ser ministros de Dios pretendiendo hacer grandes milagros y obras en el nombre de Dios van al cielo. Pero la clave que nos dio allí sobre quien es verdaderamente salvo es esto, “el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. La sumisión a la voluntad es esencial para la salvación. Sin ella, uno es un rebelde en contra de Dios, y no tiene ni esperanza de ver el cielo. Otra vez en Mateo 12:50, Jesús identificó a su familia como solamente los que “hacen la voluntad de mi Padre”.

Jesús enseñó una parábola en Mateo 21:28-31 sobre una familia donde hubo dos hijos, y uno rehusó de hacer la voluntad de su padre, y el otro con dificultad cumplió con esta voluntad. Jesús nos enseñó que no es solamente el acceder a hacer la voluntad de Dios, sino que tienes que esforzarte en hacerla.

En otra parábola en Lucas 12:42-48 Jesús explicó que nosotros como siervos de Dios vamos a recibir mal trato de Dios si conociendo Su voluntad, la hacemos conforme a nuestras ganas (voluntad) ignorando la voluntad de El.

Jesús resumió el total de su vida y ministerio en Juan 4:34, “mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra”. Como ejemplo perfecto, Jesús nos muestra qué debemos hacer, y cómo debemos hacerlo. Debemos dedicar nuestras vidas totalmente y sin reserva a Dios, a Su voluntad, y a Su obra, y acabar con ello.

Juan 6:38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

Jesús nos demostró una dedicación y compromiso singular y extremista con la voluntad de Dios el Padre. Como ejemplo para nosotros, no mandó a Dios el Padre ni manipuló la voluntad de Dios, sino se sujetó a ella para el plan de su vida. Este plan no era muy fácil para Él, porque este camino era para la cruz del Calvario.




Jesús nuestro Ejemplo

En el huerto de Getsemaní (Mateo 26:42), Jesús oró al Padre, y Dios reveló Su oración a nosotros. Otra vez vemos que aunque es difícil de cumplir con la voluntad de Dios, debemos sujetarnos debajo de esta voluntad, y no exigir nuestra propia voluntad. Este es el ejemplo que Jesús nos dejó para que lo sigamos.




Pedimos según la Voluntad de Dios

Cuando los discípulos pidieron a Jesús enseñarles como deben interactuar con Dios en oración, lo que enseñó Jesús era muy importante.

Mateo 6:8-13 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. 9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos.

Es esencial que la persona que entra en la presencia de Dios reconozca la autoridad y exaltación de Dios sobre toda la creación. Reconocemos la omnisciencia de Dios (6:8) con quien estamos tratando. Exaltamos el nombre y persona de Dios (6:9). Nos hacemos sujetos a la autoridad y derecho de Dios de dictar a nuestras vidas (6:10). Pedimos por lo mínimo de nuestras necesidades (el pan diario) (6:11). Dios pone más importancia sobre lo que somos nosotros, especialmente en relación con otros seres humanos (nuestro carácter) que la importancia de avisarle a El nuestras necesidades (El ya las sabe). Nuestro enfoque en la oración no es tanto pedir y menos mandar, pero limpiar nuestras relaciones con otras personas, y detenernos a nosotros mismos del pecado (tentación) por el poder de Dios (6:13). Esto es una oración exitosa en la vista de Dios.




¿Cómo sabemos qué pedir?

Es muy importante de ver que no cualquier cosa es lícita para pedir a Dios, sino solamente cosas que ya están adentro de la voluntad de Dios para nosotros. No es decir que a veces Dios no nos da estas peticiones aun, porque nos enseña qué tontos somos en discernir el bien en nuestras propias vidas. En Salmo 106:14-15, dice que Israel, se entregó a “un deseo desordenado” y Dios “les dio lo que pidieron, más envió mortandad sobre ellos.” Dios nos propuso en Lucas 11:5-13 (el amigo persistente) y Lucas 18:1-8 (viuda persistente) dos parábolas que demuestra que Dios nos concede cosas si somos persistentes en pedirle. Pero el problema aquí es que nuestro entendimiento es tan corrupto por el pecado que ni sabemos como debemos pedir a Dios. Por esto, debemos usar la voluntad de Dios como una meta para que controle nuestras oraciones.

1° Pedro 4:1 Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado, 2 para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios.

Debemos armarnos con el mismo pensamiento de Cristo, de seguir tan ardientemente la voluntad de Dios que aunque suframos o no, cumplamos con la voluntad de Dios. Tachamos los deseos (concupiscencias) humanos, y buscamos la voluntad de Dios.

Juan 7:17 El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios… Jesús nos dijo que esta actitud de sujetarse a la voluntad de Dios (rechazando nuestro propio entendimiento sobre la vida del bien y el mal) es lo que nos da poder de discernir lo que es de Dios y lo que no es.

En Col 1:9-10 Dios nos muestra el plan en dos partes para nosotros: (1) conocer la voluntad de Dios el Padre “en toda sabiduría e inteligencia espiritual” y (2) “para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo….” No podemos pedir o actuar sin saber la voluntad de Dios. No hay discusión que todo nos saldrá mal si no obramos y vivimos bajo este plan.




¿Cómo tenemos poder en la oración?

Juan 9:31 Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. Aquí entonces cabe perfectamente bien esta sujeción a la voluntad de Dios, y el poder de conseguir lo que uno pide a Dios en oración.

1° Juan 5:14 Y ésta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. 15 Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

La promesa de Dios de conceder nuestras peticiones no es dada a nosotros para que andemos en locuras y tonterías de nuestros corazones, sino para que seamos parte del plan de Dios, instrumentos en parte del cumplimiento de la voluntad de Dios, la obra de Dios. Esto es para que recibamos gloria, honor, y premios en el cielo por nuestra parte. Tenemos que dejar a un lado el concepto de manipular, mandar, u ordenar a Dios a lo que nos parece (nuestra voluntad), y sumergirnos en la perfecta y bendita voluntad de Dios el Padre.

Mateo 8:8 Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. 9 Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. 10 Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.




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