fam10 El Avaro que Hurta

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El Avaro que Hurta: Agarrar más que debes
Por David Cox
[fam10] v1 ©2006 www.folletosytratados.com
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Definición de la Avaricia – Es alguien que desea o presume que es su derecho de tener más de lo que merece o de lo debido, especialmente hablando de lo material. Contrario a los principios de proporción y de vivir conciente de los demás (Efesios 4:28 no hurte más, sino trabaje… para que tenga qué compartir con el que padece necesidad), concientemente haciendo a otros sufrir perdida para que tú goces bienes o dinero más que es lo indicado, o sea, vivir en lujos y deleites.

La Avaricia es un grave Pecado

Marcos 7:21-23 indica que la avaricia es una maldad del corazón, que le contamina al hombre. A veces hay gente que pone poco énfasis de que es mala la avaricia, como no es tan importante que uno evita este deseo para obtener y retener dinero, bienes, y lujos. Pero 1 Corintios 6:10 dice que “ni los ladrones, ni los avaros… heredarán el reino de Dios.” O sea, la avaricia es tan problemática que detiene a uno de llegar al cielo si es parte de su carácter. Mateo 19:23-24Jesús dijo… que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.” Si es así, ¿Por qué quieres hacerlo difícil para que entres al cielo? Dios quiere que los cristianos usen el dinero y los bienes para el reino de Dios, y no para que sean un ídolo en competencia con Dios. Lucas 16:9-13 “Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas… Ningún siervo puede servir a dos señores: porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” Dios nos presenta que debemos usar las riquezas para Su gloria y obra y no guardarlas para que llegue a ser un ídolo. Salomón dice en Eclesiastés 5:13Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas por sus dueños para su mal.

¿Qué es la Avaricia?

La avaricia es una prioridad que unos ponen sobre el dinero, bienes, o lujos. Esta prioridad de obtenerlos y conservarlos llega a ser algo que maneja toda su vida. 1 Timoteo 6:10Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” Tenemos que entender que contrario a la opinión popular, el dinero y los bienes no nos dan estabilidad, sino trae un grave y fuerte peligro a nuestras vidas.

¿Qué debe ser nuestra actitud?

Jesús lo dijo bien, “el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí” (Mateo 10:38). Dios nos presenta la salvación en una forma que tenemos que estar dispuestos de entregar todo en nuestras vidas por ella. O sea, lo que sea que necesitamos de entregar, debemos hacerlo si Dios nos pide de hacerlo. Una cruz es algo difícil y desagradable, doloroso y extremo, y esto tenemos que aceptar para ser dignos de la salvación eterna. Jesús alumbró esto con la parábola del sembrador. Entre todos los diferentes tipos de suelo que hay (representando diferentes tipos de personas), identificó a uno que tiene espinos. Este representa nuestro tema de las riquezas que hacen competencia con Dios por nuestra salvación. “Éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida y no llevan fruto” (Lucas 8:14). En esta parábola, los que no llevan fruto no son realmente salvos, aunque tuvieron conocimiento y trato con la verdadera salvación de Dios. Estas cosas se ponen tan fuertes a jalarnos afuera del camino de la salvación que Dios tuvo que dedicar atención especial en advertirnos de tener cuidado con ellas.

Afanes: Esto es el cuidado o ansiedad sobre las cosas que no merecen esta prioridad en la vida.

Riquezas: No es nada más posesiones, sino la abundancia o sobre abundancia, o bienes que son muy lujosos, extremos, o muy caros.

Placeres de la vida: Esto es el estado de placer, deleite, o de disfrutar algo por cualquier razón. El tener la experiencia o sensación de algo deseado, agradable, o placentero. No es nada más disfrutar algo, sino de hacer el disfrutar cosas y tener estas experiencias como un ídolo en tu vida, de poner alta prioridad sobre ello, y buscarlo con todo su corazón y energía (como lo que debes hacer hacia Dios).

Otra parábola es buena aquí. En Lucas 12:15-21, Jesús relató sobre el hombre que tuvo muchos bienes, y se preocupó para edificar todavía algo más grande donde guardarlos. Su actitud era de guardar muchas cosas para aguantarle por años, y dijo a su alma, “repósate, come, bebe, regocíjate.” (12:19) Pero Dios le dijo, “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (12:20). La tristeza de este hombre es que no pudo prepararse para la eternidad, ni ver lo por venir. Todo lo que acumuló era para personas ajenas a fin de cuentas. Pablo dice así, “porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar, así que, tendiendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.” (1 Timoteo 6:6-8). Las riquezas son nuestros enemigos, no la meta de cada hijo de Dios.

1 Timoteo 6:9 Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición.

Para los que defienden la avaricia

Hay predicadores e iglesias hoy en día que defienden la avaricia como algo del estilo de una bendición de Dios. Dicen que las riquezas son el producto natural y normal de una vida cristiana llevada correctamente. Ellos se presentan como ejemplos de esta bendición de Dios, y esto supuestamente les da permiso de vivir en lujos sin pena. La norma de la Biblia presenta que los siervos de Dios tuvieron vidas sin lujos, humildes. Recordamos de Salmo 10:3, “Porque el malo se jacta del deseo de su alma, Bendice al codicioso, y desprecia a Jehová.” Los malos dicen que ellos toman sin reservación lo que ellos quieren y piensan que Dios forzosamente tiene que darles lo que desean.

Pero esto no es algo nuevo. En Jeremías, la misma situación se presentó. “Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores.” Jer. 6:13. La marca del falso profeta es esta codicia fuerte del dinero, lujos, bienes, (avaricia).

Soluciones para la Avaricia

Salmo 119:36 Inclina mi corazón a tus testimonios, Y no a la avaricia.

Hebreos 13:5-6 Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre.

El punto aquí es que no tenemos seguridad ni estabilidad excepto en nuestro Señor y Salvador. Nada puede ayudarnos en contra de lo que la vida puede hacernos. Solamente Dios es quien puede protegernos y reponer todo lo que perdemos, y juzgar a los que nos hacen mal. Si dejas a Dios a un lado, estarás bien desamparado. Parte de la solución a la avaricia es de fijarte que las riquezas no son lo que pretenden de ser (un dios que puede hacerte bien), y Jehová es este Dios que soluciona todo, que es bueno para todo.

Proverbios 23:4-5 No te afanes por hacerte rico; Sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas Como alas de águila, y volarán al cielo.

Las riquezas son un vapor que no permanecen ni realmente te protegen. La solución de Dios es de entregarlas a Él. En Mateo 19:16-23, un joven justo vino a Jesús y buscó algo. Dijo que guardaba a los mandamientos de Dios. Pero Jesús percibió su alma, y le dijo, “anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.” (19:21-22). Jesús tocó su mero ídolo, las posesiones. Debemos entender que no hay nadie tan talentoso o inteligente que puede manejar riquezas y que no llegan a ser un tropiezo a la perdida de su alma.

Jesús solucionó el problema del joven rico muy fácilmente. Dios le dijo de vender y regalar sus riquezas. Los ricos encuentran esto casi imposible de hacer. Dios les presenta necesidades en Su obra o con los hermanos en Cristo, y un rico idolatra no da lo que Dios dice cuando lo dice, sino una fracción insignificante.

Santiago 2 trata una situación de distinción de personas. Hermanos que estiman a los ricos y desprecian a los pobres. Fíjate que lo comenta Santiago que Dios ha hecho a “los pobres de este mundo para que sean ricos en fe y herederos del reino” (2:5).

Santiago 5:1-5 ¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza.

Las riquezas son un testimonio en contra de nosotros. ¿En qué forma? Porque Dios te las dio para que las uses en la obra de Dios, esto es en alcanzar al mundo con el evangelio, en formar iglesias locales, y en ayudar a los hermanos necesitados. ¿Estas cosas ya no necesitan dinero? Claro que sí. Pero tú andas con tu prestación de Dios (tus riquezas), y Dios está esperando para que inviertas en lo que Él quiere. Andas en lujos y deleites, mientras lo demás se hace grave.

Proverbios 30:7-9 Dos cosas te he demandado; No me las niegues antes que muera: Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan necesario; No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios.

Nuestra actitud debe ser una de no buscar la pobreza ni la riqueza. Debemos estar contentos y satisfechos con la vida.

Lucas 12:15 Mirad y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.