sect02 El Budismo Boanerge

TEMAS: Sus Orígenes | La Terrible Decepción: Nadie está libre de sufrimiento | ¿Huida o Iluminación?
| La conversión de Gautama en Buda | Otras Doctrinas Budistas
Matando al “yo” por la Meditación: Una Batalla Inútil | La Verdad sobre el Budismo

El Budismo

Historia de una religión que pretende no serlo…

Por David Boanerge
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©2006 www.folletosytratados.com

El budismo es una religión que a lo largo de la historia se ha extendido desde su lugar de origen en la India. Debido a su sistema de creencias, donde el fin máximo es obtener una especie de paz, y una iluminación interior que permitan que la persona que lo practique se sienta bien consigo misma, el budismo ha ganado muchos adeptos, sobre todo porque la noción de responsabilidad, pecado, salvación o Dios, no están presentes en esta religión que pretende no serlo. Buda, su fundador, fue un hombre que trató toda su vida de librarse del sufrimiento y trascender a la muerte, y sin embargo, a fin de cuentas podemos tener la certeza de que no lo consiguió. En el presente folleto analizaremos esta religión desde el punto de vista de la Biblia. RVG




Sus orígenes

El budismo se originó en la India hacia los años 560-480 a.C. Su fundador fue Gautama, el próspero heredero de un rajá de la tribu de Sakya, quien a los 29 años abandonó los placeres del mundo para seguir su propia senda, una senda que según él lo llevaría a la “Suprema Iluminación”. Es difícil reconstruir un relato histórico fidedigno de la vida de Gautama, sobre todo porque lo que de él se registró se hizo siglos después de su muerte. Por ello, la leyenda, la superstición y el mito están entreverados en la biografía de este personaje. Desafortunadamente eso es todo con lo que contamos para tratar de darnos una idea de quién fue Buda, un hombre que durante casi 50 años propagó sus firmes creencias en que no había nada divino en lo que el hombre pudiera o debiera confiar, y que sin embargo terminó siendo considerado él mismo como un dios, cristalizando a su alrededor un culto idolátrico con los millones de imágenes que de él se adoran a lo largo y ancho del mundo.

Puesto que es todo con lo que contamos, analicemos pues la leyenda.




La terrible decepción: Nadie está libre de sufrimiento

Se cuenta que cuando Gautama tenía siete años, durante un paseo con su padre vio que un gusano era devorado por un pájaro, el cual a su vez fue presa de un halcón quien a su vez fue víctima de un arquero que le arrojó una flecha. El hecho es que en este mundo caído es una regla natural devorar o ser devorado, pero la experiencia repercutió en la impresionable mente del joven príncipe. Dicen que en esa ocasión el se preguntó: “¿Qué es lo que hace que los seres vivos se maten entre sí?”. Entonces recordó a su propia madre, Siddhartha, quien murió poco después de que Gautama naciera. Eso desencadenó en él una zozobra que marcó el resto de su vida. Gautama no podía entender la tragedia de la vida, por lo que simplemente tuvo que concluir: “No hay nadie que consiga librarse del sufrimiento”.




¿Huida o Iluminación? La conversión de Gautama en Buda

Gautama creció, pero su vida ya no fue tan dulce. A pesar de que su padre lo rodeó de lujos, y de que le construyó 3 palacios antes de que Gautama cumpliera 16 años, no pudo ser feliz. Viejos, enfermos, y muertos lo rodeaban por todas partes, así que él no pudo soportarlo y decidió hacer algo por sí mismo. En realidad, Gautama no trató de vender sus riquezas para aliviar el sufrimiento de los pobres o hambrientos, tampoco estudió medicina para tratar de curar a los enfermos o por lo menos tratar de aliviar sus sufrimientos, ni siquiera intentó estar en los lechos de muerte de aquellos que morían para confortarlos en sus últimas horas. No. Lo que Gautama hizo fue partir con su escudero Channa y su fiel caballo hacia las fronteras de su reino, despojarse de sus lujosas vestiduras y todas sus riquezas, y partir como un simple ermitaño, ya que en cierta ocasión él vio a un hombre así y le pareció que de alguna manera, en su lamentable condición, aquel hombre había encontrado la paz.

En cierta manera, Buda huye. No sólo de las tentaciones y el sufrimiento sino del mundo mismo. Durante algunos años, lleno de ideas mesiánicas, se convierte en un monje mendigante que incluso es rechazado por sus propios pares. Gautama castiga su cuerpo con hambre y pobreza, pretende ser como un río a través de la meditación, hasta que finalmente llega a una encrucijada en su vida, por lo que se promete a sí mismo: “así se me agote la sangre, así se me descomponga la carne y los huesos se me caigan en pedazos, no me moveré de este lugar hasta que encuentre el camino de la iluminación”. Sentado durante muchos días en una posición conocida como Zazen, vació su mente de todo pensamiento y entonces ocurrió…




Algunos dirán que la luz que finalmente lo iluminó era la luz de la “Suprema Iluminación”, pero en realidad el punto de vista bíblico difiere en ese sentido. La Palabra de Dios dice que “…el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2ª Corintios 11:14), por lo que podemos concluir que lo que en realidad pasó fue que Gautama débil, hambriento, sediento, con su voluntad minada por la antinatural práctica de la meditación, que vacía la mente de pensamientos y lo hace a uno más susceptible a ser dominado por alguna entidad espiritual (léase “demonio”), fue dominado por el maligno. Esto lo confirma el hecho de que, según se dice, después de que Gautama conquistó la “Suprema Iluminación”, una serpiente gigante, Naga, apareció y lo guareció de la lluvia para que sus gotas no lo distrajeran de su meditación. Una de las denominaciones de Satanás es precisamente Serpiente antigua (Apocalipsis 12:9), denominación que se remonta a la caída del hombre en el jardín del Edén, cuando Satanás engañó a Eva, con lo que el pecado y la muerte entraron en el mundo.

En ese momento se dice que Buda entró en un nuevo mundo de percepción, donde a él le pareció que todos y todo estaban interconectados con “la luz del Cosmos”. Fue en ese momento que él percibió un estado superior de conciencia, el Nirvana, el cual es según sus propias palabras: “una esfera que no es tierra, ni agua, ni fuego, ni aire… que no está en este mundo ni en el otro, ni en el sol ni en la luna, que no esta yendo ni viniendo, que no es algo que permanezca o que sea muerte o nacimiento. Es sencillamente el fin del sufrimiento”. Su descripción, ni muy clara ni muy precisa, inflamó la mente de sus seguidores, quienes nunca pudieron ponerse de acuerdo sobre este místico lugar donde las penas terminaban. La verdad es que no es posible equipararlo con el Cielo de los cristianos, ya que mientras estos últimos creen que continúan existiendo y pensando al lado de Dios, los budistas consideran al Nirvana una especie de congelador1 donde todo se difumina en la nada, sin conciencia, sin pensamiento, sin emoción, es como la gota que retorna al océano para perderse en su inmensidad.




Otras doctrinas budistas

Buda decía que todos los seres vivos son a su vez otros budas, dotados de sabiduría y virtud. Según el budismo todos los seres humanos, sin importar su sexo o condición son perfectos y completos tal como son, por lo cual la naturaleza intrínseca del hombre es la perfección. La palabra de Dios nos demuestra que la naturaleza del hombre es el pecado y por lo tanto no puede haber perfección en él: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Buda tal vez meditó mucho sobre la naturaleza del hombre, pero ciertamente nunca logro conocerla o por lo menos se engañó, ya que cuando uno ve la deplorable condición espiritual del ser humano, donde un hombre se levanta contra su hermano y lo asesina, y todos van siguiendo las propias perversiones de su extraviado corazón, es difícil ver la perfección que Buda afirmaba que todo ser humano, por el simple hecho de serlo, poseía y lo conectaba con el Universo.

Además, Buda pensaba que el alma del hombre era perfecta pero en un estado de ignorancia mortal, por lo que según él de lo único que debía ser redimido y salvo el hombre era de tal ignorancia. La Biblia, por el contrario, dice claramente que la condición del hombre es el pecado, por eso el rey David decía de sí mismo “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:1-3,5). De acuerdo con la Biblia, la ignorancia no mata, sino el conocimiento, ya que el conocimiento del pecado es lo que hizo que el hombre muriera. Precisamente en Génesis 3:6,7, se narra como al comer del árbol del conocimiento de la ciencia del bien y del mal, Adán y Eva murieron, espiritualmente en ese momento y a la postre físicamente. El conocimiento del pecado los mató.

Sin embargo, la doctrina budista que cree en la reencarnación (samsara) y el karma es bastante indulgente con los trasgresores. Buda mismo dijo: “Si uno no logra obtener la iluminación en esta vida, la muerte no es el final. Uno tendrá al renacer, todas sus semillas plantadas de la vida anterior”. Esa idea de una segunda oportunidad, en una rueda interminable de reencarnaciones, para algunos puede parecer muy atractiva, pero la Palabra de Dios nos dice que los hombres sólo tenemos una oportunidad para elegir el camino correcto en esta vida: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

Buda enseñó el camino del óctuplo: Visión correcta, Pensamiento correcto, Acción Correcta, Vida correcta, Esfuerzo correcto, Intención correcta y meditación correcta. A esto le añadió cinco Preceptos Fundamentales, entre los que se cuentan cuestiones tales como No matar, No robar, o No fornicar. Todo esto parece muy sensato y de alguna manera recuerda a la Ley de los judíos, sin embargo, la salvación no puede ser por obras, sino que es un regalo de Dios (Efesios 2:8,9). De hecho, la Biblia dice claramente que nadie que pretenda ser bueno y actuar conforme a las obras de la Ley, podrá ser salvo: “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él [Dios]; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20).




Matando al “yo” por la meditación: Una batalla inútil

Buda tenía la firme convicción de que si lograba matar a su “yo”, entonces dejaría de sufrir. La manera como el pretendía matarlo era con el duro trato a su cuerpo y luchando constantemente por no desear nada de este mundo. Él decía que cuando una persona lo conseguía, entonces era libre para trascender a un estado de conciencia superior y perfecto, es decir el estado de paz y dicha eterna llamado Nirvana. Sin embargo, todo eso en realidad no sirve para luchar contra los deseos de la carne: “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” (Colosenses 2:20-23). A final de cuentas, Buda murió a los 80 años de edad. Irónicamente, él, que había recomendado a sus seguidores ser mesurados en todos sus apetitos, murió por haber consumido un alimento en mal estado. En cierto modo, Buda esperaba de alguna manera su muerte, por eso dijo “Aunque permaneciera en el mundo durante miles de años, eso no me libraría de la muerte”. En eso tenía razón. Buda está muerto y su cuerpo se pudrió en su tumba en Kusinara, al pie de los Himalayas. Sus últimas palabras fueron: ‘Handa dani bhikkhave amantayami vo vaya dhamma sankhara appamadena Sampadetha’ [“Todo lo que fue creado está sujeto a la decadencia y a la muerte. Nada es permanente. Trabajen duro por su propia salvación con toda atención, esfuerzo y disciplina”. El problema es que ni todo el esfuerzo del mundo puede lograr que un hombre se salve a sí mismo “Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda” (Romanos 4:4).




La Verdad sobre el budismo

Se dice que debido a que el budismo no cree en un Dios personal al que hay que adorar, a que no ofrece una panorámica de lo que sucede después de la muerte y a que carece de los conceptos de Salvación, Perdón y Juicio, no es una religión, sino más bien una filosofía de la vida, una conducta moral que pretende apegarse a un sistema ético para permitir que la persona que lo practica se sienta bien consigo misma y con los que la rodean. Por esto Hume la denominó “La religión del apacible cultivo moral de sí mismo”.

En efecto, el budismo es una religión aunque lo niegue, una religión que busca alcanzar la salvación por obras. El hecho es que los budistas, y cualquier otra religión que busque conseguir la salvación del individuo por otro camino que no sea Jesucristo, en realidad sí tiene un “dios”: Satanás. Su objetivo es que no escuchen la verdad y se pierdan: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2ª Corintios 4:3,4).

No se engañe, la salvación no es por obras o por meditar, sólo Dios puede salvarnos: “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5). Además, No olvide que el único camino para llegar a Dios es Jesucristo “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

De hecho, una de las acepciones de Nirvana es “lo frío”, una especie de gélido lugar donde nada sucede y por lo tanto se encuentra una paz al sufrimiento que otras sectas, como los testigos de Jehová con su idea del “sepulcro”, buscan como una manera de huir de la justa ira de Dios y de las consecuencias del pecado. Por desgracia para ellos, las cosas no son como desearíamos que fueran, sino como Dios de acuerdo a Su Santa Voluntad las ha determinado.




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