ig60 Perfil de un Hombre de Dios

Perfil de un Hombre de Dios

Por David Cox

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Cuando hablamos de un “hombre de Dios”, implicamos que esta persona es alguien que pertenece a Dios, o en que Dios domina su ser. A la vez, habla de una persona que es un líder de hombres para Dios, que se deja ser usado por Dios. Habla de lo que es, y lo que hace. Sigue a Dios en cada manera, obedece a Dios con gozo, y no vive para las cosas de esta vida, pero tiene la vista bien puesta en lo celestial, en lo eterno. Miq. 6:8 Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. 1Ti 6:11 Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. 12 Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos. Pablo mandó a Timoteo, el hombre de Dios, que huye, sigue, y pelea. Huye del pecado, sigue los virtudes que es el carácter de Dios, y pelea en la guerra espiritual para Dios.

Cristo crece, yo Menguo

Jn 3:30 Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.

Un verdadero hombre de Dios es un cristiano en que se ve a Cristo antes del mundo en su vida, y en que se mengüe (“se achica”) a sí mismo. Discierne a él por medio de que tan poquito brilla de sí mismo al mundo, y que tanto quiere mostrar Cristo por su vida. Busca la grandeza de Jesucristo, y no su propio notario.

Un hombre conforme al corazón de Dios

Hechos 13:22 ​… David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.

Hay una marca muy pronunciado en que el hombre de Dios, tiene Dios y sus propósitos en el centro de su vida, y esto le consume a él. Es como cuando un hombre entra el ejercito. Ya no es suyo, sino es la posesión del gobierno desde allí, este punto domina su vida totalmente. Ni sus propias posesiones son suyas, sino el gobierno dice lo que puede tener o no. Dicen, “Ve a otro país y quédate allí por 4 años”, y no tienes opción.

Tiene sed para Dios. Un hombre de Dios tiene un sed espiritual para Dios no cosas de este mundo, de imperios humanos como edificios, dinero, fama, gloria, poder, etc. Se marcan un hombre de Dios porque no se satisface con lo que hombres mundanos quieren. El hombre de Dios se satisface con las cosas de Dios, las cosas celestiales, las cosas espirituales.

Verdad y Virtud

Exo 18:21 Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo…

Dios llama a estos hombres a gobernar su pueblo. Son hombres que se preocupan sobre la verdad. Son buenos estudiantes de la Palabra de Dios, y usan bien las Escrituras.

2Ti 2:15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.

Lo que esto significa es que no usa la Biblia para sus propios propósitos y metas, sino usa la Biblia como debe ser. La diferencia es que muchos ministros usan la Biblia para manipular la gente para que florezca su ministerio, y un hombre de Dios deja que Dios (por Su Palabra) utiliza a él para los propósitos que Dios tiene para él y para Su ministerio en general.

Varones de Virtud. Virtud es esfuerza moral para hacer lo correcto. Hombres de Dios son hombres de virtud, que no tienen miedo de hacer lo que Dios manda. Cuando ve pecado, reprende este pecado. Muchos ministros hoy en día no predica contra los pecados de la gente enfrente de ellos cada semana. Habla de dejar las riquezas, y entonces los ricos te dejarán, y tu ministerio sufrirá económicamente. Así piensan muchos. Pero un hombre de Dios tiene valor y denuedo de decir lo que es difícil, porque se arriesga su propio bien estar (y lo de su ministerio) por tratar y tratar duramente con asuntos delicados.

Hombres temerosos de Dios. Un hombre de Dios es alguien que tiene más respecto y temor de Dios que de los hombres. Lo que no es popular entre los ministerios, pastores, iglesias, un hombre de Dios lo hará con gusto si Dios lo manda. Popularidad no es importante para él. Marcos 12:14 ​Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras « la apariencia» de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios… En lugar de jugar amistades para manipularlos, un hombre de Dios tiene la prioridad de buscar el placer de Dios, y si los hombres le gustan o no a él, él hace lo correcto delante de Dios siempre.

No un Avaro

Exo 18:21 Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo…

Lo que marca este hombre de Dios es su disposición hacia las riquezas. No ponen las riquezas como la meta de su vida. Va a vivir la vida pasándola normal. No va a tener muchos lujos y riquezas, ni le llama su atención los placeres de lujo, ni las experiencias de los ricos.

Sal 52:7… El hombre que no puso a Dios por su fortaleza, Sino que confió en la multitud de sus riquezas, Y se mantuvo en su maldad. Efe 5:3; Fili 4:17.

Los hombres confían en algo. Normalmente es en su propio esfuerzo de ganarse el vivir y riquezas, y luego confían en estas riquezas para hacerle bien la vida. Un hombre de Dios es alguien que pone su confianza en Dios. Es un desprecio de lo espiritual y eterno para enfocar y enaltecer lo temporal y terrestre. El hombre de Dios no es así.

Lucas 14:33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

La ganancia de posesiones y riquezas terrenales ya no es su meta, el principal objetivo de tu vida. Si no entrega esto a Dios, no es salvo. El salvo es alguien que ve lo eterno (Col 3:2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Ve Mat 6:20), y lo terrenal ha llegado a ser “no tan importante,” no tanto su motivo principal.

Un hombre de Dios (especialmente los que ministran oficialmente) “no codicioso de ganancias deshonestas”

Tit 1:7 “Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo”

1Ts 2:5 “enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene”

Tit 1:11. Una observación aquí. El hombre de Dios es como Jesús. ¿Jesús tuvo un grande multi-milionaria casa o edificio? ¿Jesús o sus discípulos unas vez vendió algo? ¿Una vez pidió donaciones? ¿Tuvo un caballo (transporte caro) o aun un burro (transporte)? Jesús usó el transporte más común entre los que le oyeron. Entonces ¿Por qué ministros hoy en día insisten en vivir más arriba del nivel de sus miembros?

Falsos Ministros

2Ti 3:1 También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. 2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios… ingratos, impíos, 4 amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita… 7 Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad… 8 resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe. 9 Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquéllos.

Pablo identificó nuestros días con personas que se enamoran con sí mismo. Esto es un ministro que edifica un ministerio para su propia gloria (vanagloriosos). Son avaros (aman dinero, riquezas, y lujos), y son ingratos a los que le dan esto. Aman a los deleites, entonces su vida se enfoca en ser como lo más alto de los ricos. Su santidad es un fraude. No lo es. Su ministerio es lleno de aprender, pero la doctrina de Dios causa piedad en los que la consume. Su fe es inválida, y rechazado por Dios (reprobados).

Honestidad y Integridad

Job 27:5 Nunca tal acontezca que yo os justifique; Hasta que muera, no quitaré de mí mi integridad.
Pro 20:7 Camina en su integridad el justo; Sus hijos son dichosos después de él.
2Re 20:3 «Te ruego,» oh Jehová, «te ruego» que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho «las cosas que te agradan.» Y lloró Ezequías con gran lloro.

Honestidad y integridad son la misma cosa, de mantenerse estrictamente adentro de un código de moralidad. Esta código es relacionado con verdad, honestidad, y justicia delante de Dios. Es un hombre andando completamente bajo la luz de la voluntad de Dios que Dios le ha dado. Es de ser ético, o sea, de hacer lo que debe en la vista de Dios. Es de andar en rectitud, y pureza delante de Dios. Integridad es la fidelidad de un hombre de fe a los principios de moralidad que percibe de Dios.

Aguante y Fidelidad

Stg 5:11 He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia (aguante) de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.

Un cristiano no es un hombre de Dios simplemente porque es salvo. Es como la semilla de un encino (árbol). El encino no llega a ser grande sin las tormentas, nieve, calor del verano, los vientos y asaltos contra sí. Por medio de la oposición, se define. Fidelidad, que aguante todo y queda en la misma moralidad, es un atributo de un hombre muy similar a su integridad.

Un Hombre que cree en la Oración

Jn 14:14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

El hombre de Dios cree en la oración. Mucho más que sea un hombre que ora, ve la oración como el método secreto de hacer la obra de Dios. Al fondo de un gran hombre de oración es que entiende y cree, que no se puede él mismo, sino que depende en Dios para hacer su obra. Muchos “grandes predicadores” de nuestro día usan la oración (en su gente) para sujetarles, o hacen un gran show en sus oraciones para impresionar a la gente. Pero un hombre de Dios ora en privado, y promueve que la obra de Dios se completará solamente por muchas oraciones.

Efe 6:19 (orando) por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, 20 por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.

Hay un gran obligación de reconocer a los hombres de Dios entre nosotros, y de sostenerles en oración constante.

 

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